Redarquía como conector de la inteligencia colectiva

La revista online Managers Magazine dedicó un artículo a la Redarquía, en el que empezaba con una importante premisa que deberían seguir las empresas en el siglo XXI: “El liderazgo es un trabajo de todos”. Y añadía: “personas con ideas, aptitudes, experiencias y conocimientos muy diferentes utilizan esa diversidad creativa para lograr resultados que individualmente serían imposibles”. La inteligencia colectiva era el punto de partida para el texto.

El articulista contrastaba esta situación ideal con la que suele darse en las organizaciones: la producción de estupidez colectiva; es decir: “grupos de personas inteligentes, toman decisiones estúpidas, poco creativas e incluso destructivas para sí mismas”. Optar por una vía u otra puede hacer que la organización sea capaz de adaptarse a un entorno cambiante y a los desafíos que le plantee el futuro.

En una sociedad en red, explican desde Managers Magazine, “conectar con la inteligencia colectiva de nuestras organizaciones es un requisito para la innovación y el éxito”. Destacan también la importancia de dedicar tiempo a entender en “qué consiste realmente la inteligencia colectiva, qué factores influyen en su creación y cómo podemos hacerla una realidad en nuestras organizaciones”.

¿Qué se entiende por inteligencia colectiva?
El artículo hacía también un interesante repaso por cómo se ha entendido el concepto de “inteligencia colaborativa”  a lo largo de la historia, partiendo de que a “nivel organizativo se entiende igualmente que un grupo es inteligente cuando es capaz de ordenar y utilizar la experiencia colectiva para responder de manera apropiada a nuevos desafíos que son vitales para su bienestar y progreso”.

James Surowiecki lo entendió como “sabiduría colectiva” que para él era “un modelo de inteligencia colectiva que puede darse como proceso de agregación, meramente estadístico,  del conocimiento, en situaciones donde los participantes no interactúan directamente entre sí, ni son conscientes de funcionar como un colectivo”.

Pierre Lévy entiende por inteligencia colectiva “como proceso emergente y resultado de la colaboración y la interacción consciente de los participantes, con una voluntad explícita de búsqueda compartida de soluciones a problemas que les afectan”.

Hoy, inmersos en una nueva economía digital, las organizaciones tienen que saber que:

1. Los ciclos de innovación se reducen.
2. Los clientes ya no compran productos sino experiencias únicas y singulares
3. El talento es cada vez más digital y ubicuo
4. Las empresas necesitan aplicar de manera eficaz  el conocimiento y la experiencia de las todas las personas de la organización.
5. El éxito de las organizaciones en la nueva economía digital dependerá en gran medida de su capacidad para conectar con el nuevo talento digital.


Un nuevo orden

Ante este panorama, advierten desde la publicación online, “la jerarquía no es el orden natural para la colaboración”: “el orden natural” sería la redarquía, que “emerge como estructura natural de las nuevas organizaciones en red, facilita la colaboración  y hace posible que las personas creativas opten por aquellas contribuciones que más les motivan y que mejor se alinean con sus propias habilidades”. En este nuevo orden “las tareas pueden ser elegidas y no impuestas, y la capacidad de decisión de cada uno viene determinada por su reputación personal y el valor añadido que aporta a la organización”.

Es el “carácter participativo y dinámico de la Redarquía” lo que le da su capacidad para conectar con la inteligencia colectiva en nuestras organizaciones y dar respuesta a retos excepcionalmente complejos en una sociedad hiperconectada. Además posibilita:

1. La participación de todos
2. Es el método principal que la organizaciones inteligentes utilizan para coordinar sus actividades de innovación y exploración de las nuevas realidades.
3. Fomenta la confianza y da transparencia al valor añadido
4. Atrae, motiva y retiene a personas competentes que hacen posible la inteligencia colectiva.

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