El bien común como base para el liderazgo del siglo XXI

Si un individuo quiere crecer, y quiere también que la organización o empresa que dirige haga lo propio, tiene que dejar de pensar en el beneficio propio y pensar en el bien común. Esta es la idea principal que extraemos del artículo El liderazgo basado en el “nosotros”, de Zyanya López.

Su planteamiento parte de la premisa establecida por Luis Huete y Javier García en el libro Liderar para el bien común: “lo que es bueno para los individuos y para la sociedad acaba siendo bueno, prácticamente siempre, para las empresas”. Los autores inciden en esta obra, además, en la necesidad de que haya individuos en las organizaciones o empresas cuya toma de decisiones no se quede solo en dar órdenes. Estas personas tienen que ser capaces de desarrollar un sentido de responsabilidad en sus colaboradores o empleados, que tengan una remuneración acorde y además sean conscientes de que las decisiones que toman influyen en la sociedad.

Como vemos, los autores ofrecen desde un principio herramientas y guías para la época que nos ha tocado vivir: plagada de grandes cambios pero también de oportunidades; un momento donde “líder es aquella persona con capacidad de ejercer tareas directivas y de influir positivamente en un grupo de individuos”. Y añaden: “Hemos comprobados que el talento de los líderes influye en la salud de la organización y es que estos no se contentan con saber que su empresa va bien, sino que buscan ir más allá. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que marcan en buena medida el rumbo de una sociedad”.

Pero la tarea del líder va más allá de buscar el bien común; tiene que luchar con fuerzas resistentes al cambio y generar nuevas estrategias que hagan entrar en razón a los opositores y demuestren los beneficios de las nuevas implementaciones. Además, el líder, tiene que hacer frente a tendencias negativas que pueden manifestarse en él mismo: “Las personas con poder tienden a padecer los síntomas de las patologías del poder (…) uno de los síntomas es creerse por encima del bien y del mal y dar rienda suelta a caprichos y excentricidades. Por tanto, el autocontrol, el ponerse límites y la sobriedad generan confiabilidad y fiabilidad, elementos que se convierten en un importante instrumento de integración”.

En esta lucha que tiene el líder por conseguir el bien común, encontrará conflictos en la organización o empresa; con todo, explican Huete y García “son clave para que existe la libertad de expresión en la empresa, que hay una relación verdadera entre los integrantes del equipo que luchan por un objetivo en común”. Es, para muchos expertos, un reflejo de que se están sentando las bases para que el talento se renueve.

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